El transporte público y yo

abril 7, 2008

Once de la mañana. Tomo el colectivo para llegar a la facultad y media; iluso de mí confiar en que el transporte público va a ser útil para llegar a tiempo. Pero, optimista, me dispongo a esperarlo.

Once y diez, y el colectivo no llega. “Ya vendrá, a lo sumo llegaré cinco minutos tarde a clase”, pienso. Pasa 15 minutos después. Al fin.

Lo gracioso de tomarse el colectivo cuando estás llegando tarde es que para en todas las paradas, que obviamente están llenas de gente (turistas que no hablan español incluídos);y al colectivero le llega un mensajito -muy oportuno- y detiene unos segundos más el colectivo para ver de quién es. Segundos que en ese momento son muy valiosos.

Once y media, y yo arriba del colectivo. Llego a la parada; corro corro corro, llegué a la facultad.

Y resulta que la clase de Filosofía estaba llena y podía tomar la misma clase mañana a la tarde. Eso es tener suerte.

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